Nuevos radares de la DGT: cómo funcionan los dispositivos invisibles que ya multan en las carreteras
La Dirección General de Tráfico (DGT) ha dado un paso más en su estrategia de control de velocidad con la implantación de una nueva generación de radares invisibles en la red de carreteras españolas. Estos dispositivos de tamaño reducido y tecnología avanzada están diseñados para operar de forma prácticamente indetectable, con el objetivo de reducir la siniestralidad en los tramos más peligrosos de la red vial, especialmente en las carreteras convencionales, donde se concentran la mayoría de los accidentes mortales.
La incorporación de estos sistemas de control responde a la necesidad de combatir los excesos de velocidad de una manera más dinámica y eficiente. A diferencia de las cabinas tradicionales, fácilmente identificables por los conductores, estos nuevos cinemómetros destacan por su versatilidad y su capacidad para pasar desapercibidos, lo que obliga a mantener una conducción responsable en todo momento y no solo al aproximarse a un punto de control señalizado.
Qué son los radares invisibles de la DGT y dónde se colocan
Los denominados radares invisibles son dispositivos de control de velocidad de dimensiones extremadamente compactas, conocidos técnicamente como miniradares o Velolaser. Su principal característica es su portabilidad y ligereza, lo que permite a los agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil transportarlos con facilidad y ubicarlos en emplazamientos que antes resultaban inaccesibles para los radares móviles convencionales.
Estos dispositivos miden apenas unos decímetros y pesan menos de dos kilogramos, lo que facilita su instalación en diversos soportes móviles. Entre los lugares más habituales para su colocación se encuentran:
- Biondas y quitamiedos: Se fijan mediante soportes magnéticos o abrazaderas directamente a las barreras de seguridad de las carreteras.
- Trípodes ligeros: Colocados en los márgenes de la vía, ocultos tras la vegetación, señales de tráfico o desniveles del terreno.
- Vehículos patrulla: Pueden instalarse en las carrocerías de coches y motocicletas oficiales, tanto rotulados como camuflados, permitiendo el control en movimiento o en estático.
- Pórticos y cabinas adaptadas: Aunque su uso principal es móvil, también pueden integrarse de forma temporal en infraestructuras existentes.
Su diseño compacto y la ausencia de cables visibles hacen que sean prácticamente indetectables para el ojo humano a distancias de frenado seguras, lo que neutraliza el efecto de frenazo brusco que suelen realizar muchos conductores al avistar un radar tradicional.
Cómo funciona la tecnología de detección de velocidad
La tecnología que emplean estos nuevos dispositivos de la DGT se basa en sistemas de base láser de alta precisión. A diferencia de los radares de ondas de radio tradicionales, el láser emite un haz de luz invisible e ininterrumpido que mide la distancia del vehículo de forma constante. Al calcular la variación de la distancia en fracciones de milisegundos, el dispositivo determina la velocidad exacta del automóvil con un margen de error mínimo.
Estos cinemómetros cuentan con conexión inalámbrica de alta velocidad (4G y 5G), lo que les permite transmitir los datos de la infracción de forma instantánea a una tableta o dispositivo móvil en manos de los agentes situados a varios cientos de metros de distancia, o directamente al Centro de Tratamiento de Denuncias Automatizadas (ESTRADA). Esto agiliza el proceso de notificación y permite, en muchos casos, que una patrulla detenga al infractor más adelante para proceder a la identificación y notificación en el acto.
Además, su tecnología les permite operar con total eficacia tanto de día como de noche, gracias a sus sensores infrarrojos de última generación, y son capaces de controlar de forma simultánea varios carriles de circulación en ambos sentidos de la marcha.
Diferencias con los radares de cascada y de tramo
La DGT utiliza una combinación de diferentes tecnologías para garantizar la seguridad en las carreteras. Es importante diferenciar el funcionamiento de estos dispositivos invisibles de otras técnicas habituales de control. Por ejemplo, la administración también emplea técnicas específicas como las que se detallan al explicar cómo activa los nuevos radares de cascada, un sistema diseñado para detectar a aquellos conductores que frenan justo antes de un radar fijo y aceleran inmediatamente después.
Por su parte, los radares de tramo calculan la velocidad media de un vehículo entre dos puntos distantes, lo que evita las conductas de aceleración y frenado intermitente. Los radares invisibles móviles, en cambio, ofrecen una flexibilidad geográfica absoluta. Al no estar geolocalizados de forma permanente en las aplicaciones de navegación ni en los mapas oficiales de la DGT, fomentan una velocidad homogénea y respetuosa a lo largo de todo el trayecto, ya que el conductor desconoce dónde puede encontrarse el punto de verificación.
Ubicaciones prioritarias y carreteras más vigiladas
La ubicación de estos dispositivos no es aleatoria. La DGT prioriza las vías secundarias o convencionales (aquellas de un solo carril por sentido y sin separación física), ya que las estadísticas de siniestralidad demuestran que es en este tipo de carreteras donde se produce el mayor número de salidas de vía y colisiones frontales, muchas de ellas asociadas a una velocidad inadecuada.
Los criterios para la colocación de los radares invisibles incluyen:
- Tramos con alta concentración de accidentes graves o mortales.
- Zonas de obras activas, donde la velocidad debe reducirse de forma drástica para proteger a los operarios.
- Puntos de incorporación o intersecciones peligrosas en vías interurbanas.
- Zonas de transición de velocidad, como las entradas a poblaciones o travesías.
Aunque las autovías y autopistas también cuentan con este tipo de vigilancia, el foco principal sigue estando en la red secundaria, donde el respeto a los límites de velocidad es crucial para salvar vidas.
Sanciones y pérdida de puntos por exceso de velocidad
Las sanciones por exceder los límites de velocidad en España están tipificadas en la Ley de Tráfico y Seguridad Vial, y varían en función de la gravedad de la infracción y del límite establecido en la vía. Las multas económicas oscilan entre los 100 y los 600 euros, acompañadas de la pérdida de entre 2 y 6 puntos del permiso de conducir.
En los casos más graves, superar ampliamente los límites permitidos puede ser tipificado como un delito contra la seguridad vial, lo que conlleva penas de prisión, trabajos en beneficio de la comunidad y la retirada temporal del carnet de conducir por vía judicial.
Es fundamental recordar que la seguridad en carretera abarca más aspectos que el control de la velocidad. Durante las épocas de mayor movilidad, Tráfico intensifica la vigilancia sobre otras conductas de riesgo. Por ello, conviene estar al tanto de las campañas especiales y recordar que la DGT advierte sobre las multas por conducir con chanclas o sin camiseta, conductas que, aunque parezcan inofensivas, pueden comprometer la capacidad de reacción al volante y acarrear sanciones económicas.
La incorporación de tecnología invisible en las carreteras españolas busca consolidar un cambio cultural en los conductores, promoviendo el cumplimiento sistemático de las normas de circulación como la vía más eficaz para garantizar la seguridad de todos los usuarios de la vía.
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